El comandante cubano Ramiro Valdés junto a Fidel Castro. (EFE)

Ramiro Valdés, el personero más grande de Fidel Castro que arremetió desde los primeros años 60 contra la temprana disidencia, creando los órganos de la Seguridad del Estado, el principal aparato de la policía política, murió este domingo a los 94 años. Su deceso, como el de la mayoría de los denominados “comandantes de la revolución” y el del propio Fidel Castro, se produce en la cama y sin enfrentar la Justicia.
Una larga vida garantizada con los mejores cuidados materiales, mientras los ancianos en la Cuba de hoy piden limosna en la calle y buscan qué comer en los contenedores de basura abarrotados de podredumbre.
Ramiro Valdés, conocido como “el carnicero de Artemisa”, lugar donde nació en 1932 al oeste de la capital, se convirtió en el principal arquitecto del aparato de represión de la seguridad del Estado cubano: fue el primer titular del Ministerio del Interior (MININT) desde su creación en 1961, fundó el Departamento de Seguridad del Estado y la Dirección General de Inteligencia, y mantuvo estrechos vínculos con el KGB soviético.
Así lo recuerdan hoy medios de asuntos cubanos del exilio como Cibercuba.
La muerte de Valdés no tomó por sorpresa a quienes seguían su rastro público. Su ausencia en actos oficiales desde septiembre de 2025 había generado creciente especulación sobre su estado de salud, y en enero y febrero de 2026 circularon reportes no oficiales sobre su hospitalización en estado grave.
Era un personaje tenebroso y, más que gris, era un personero negro cubierto de un aura de misterio que nunca indicó nada bueno. Entre el imaginario popular, se recuerda aquel chiste en el que Ramiro aparece en un yate durante una desafortunada jornada de pesca torturando a un pececillo. “¿Dónde están los grandes?”, decía el terrible comisario.
Según Pedro Corzo, del Instituto de la Memoria Histórica Contra el Totalitarismo, con sede en Miami (EE.UU.), cuando se estudien las personalidades de la Revolución, Ramiro Valdés ocupará un lugar destacado entre las cinco primeras figuras de un proceso cruento y doloroso que ha marcado indeleblemente a la nación cubana.
Valdés «fue uno de los brazos ejecutores de la subversión castrista en el hemisferio. Las incursiones de los sicarios de la revolución cubana en Venezuela, Bolivia, Colombia y el resto de los países del continente contaron con la asesoría de Valdés», añade.

¡Llévatelo, viento de agua!

Su muerte a tan avanzada edad retumba en el exilio de más de cinco generaciones afectadas por la dictadura y ocurre en medio de cambios económicos significativos.
El régimen cubano, cada vez más presionado por EE. UU. y por la crisis más brutal que se haya visto desde 1959, ha anunciado por primera vez la apertura del sistema financiero a la banca privada nacional y extranjera. Eso sí, con los Castro todavía al mando.
Y para terminar otra joya del refranero popular: Llévatelo, viento de agua!

Deja un comentario

soy Jorge

Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

Let’s connect