Fotografía tomada en FIU donde aprecen los investigadores musicales Cristóbal Díaz-Ayala y Beatriz Calvo, en 2017. (Foto: EFE/Jorge Ignacio Pérez)

Ahora que Cuba está cada día en redes sociales, o sea, en el tintero, y en el expreso deseo del presidente Donald Trump de «tomarla», fallece en Puerto Rico el musicógrafo cubano Cristóbal Díaz Ayala, un pilar de la cultura nacional que narró, compiló y desgranó al mismo tiempo nuestra manera de ser, nuestra idiosincrasia y también, de cierta manera, nuestro trauma nacional.
La noticia está en redes sociales y la encuentro a través de Armando Nuviola, director de Unos y Otros Ediciones, la editorial sobre música cubana afincada en Miami que desde hace al menos una década viene recogiendo desde diferentes ángulos y fuentes cómo fue que se hizo nuestra música.
«Luto en la cultura cubana. Ha muerto Cristóbal Díaz Ayala, el gurú de la música cubana», escribió Nuviola.
Y no le falta razón.
Díaz Ayala ha fallecido a los 95 años y esa edad al menos consuela por lo que se ha vivido.
Hace nueve años tuve la oportunidad de conocerlo en persona durante la Undécima Conferencia de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos de la Universidad Internacional de Florida (FIU), una institución que atesora su obra, la más amplia de la música afro-hispano-antillana, que está valorada en más de un millón de dólares y fue donada a FIU en 2001.
Le tomé esta foto que aparece arriba y en la que posa junto a la investigadora española Beatriz Calvo Peña, quien, a partir de la colección mencionada, confeccionó una lista de las mujeres que cantaban guarachas, con Celia Cruz en lugar destacado, para que no se olvide el papel de las señoras en esos años turbulentos de la música popular bailable en Cuba.
Así lo escribí entonces en 2017 en una nota de EFE, muchos años después de haber consultado en La Habana una obra fundamental de Díaz-Ayala para mi tesis de grado sobre Arsenio Rodríguez, «El cieguito maravilloso», creador del formato de conjunto, la «materia prima» fundamental de la salsa.
Sin el libro de Díaz-Ayala, «Música cubana, del areyto a la Nueva Trova» (Ed. Cubanacaán, San Juan, Puerto Rico, 1981) nuestra tesis «Arsenio Rodríguez, del mito a las sombras (1992), en coautoría con Alina Méndez Bravet, hubiera sido imposible.
Cuba era un desierto informativo -lo sigue siendo- y muchos músicos como el mismo Arsenio Rodríguez se habían marchado del país con la llegada de Castro. Las instituciones culturales «revolucionarias» los habían borrado del mapa, en algunos casos por contestatarios, como Celia Cruz, y en otros por el simple hecho de haberse marchado.
Era algo así como el famoso discurso de Castro en la Biblioteca Nacional en los primeros años 60: «Con la Revolución todo, sin la Revolución nada».
Pues bien: la investigación sobre Arsenio Rodríguez nos puso en contacto virtual con Díaz-Ayala, otro olvidado por las instituciones que, al irse del país, llevó consigo todo lo que pudo:
«Yo no me fui solo en el año 60. Me llevé a Cuba adentro, seguí viviéndola, específicamente, en la música y con la música. Así sigo viviendo Cuba y el proceso de la cultura cubana. En las noches en que no podía dormir, no contaba ovejitas: me iba al paradero de La Víbora y empezaba a bajar por la Calzada de Diez de Octubre. Hubo veces en que me quedaba dormido antes de llegar a la Esquina de Tejas, pero otras seguía hasta San Lázaro y subía completa la escalinata de la Universidad».
Sus palabras son tomadas de una entrevista con el fallecido poeta y también musicógrafo Sigfredo Ariel, de una generación muy posterior a la de Díaz Ayala y quien, en cambio, se quedó en la isla para narrar a como diera lugar lo que sucedió después de 1959.
¿Quién me iba a decir que, muchos años después de consultar en la distancia a Díaz-Ayala, lo iba a conocer en persona?
Para ser franco: Esas posibilidades solo se dan en Miami.
Pero bien, voy a describir a quien conocí en FIU.
Un señor elegante, de esos que saben estar en cualquier momento y en cualquier lugar. Un sabio, un apasionado y un caballero de la investigación y de las humanidades.
En aquel momento, Díaz Ayala era un octogenario invitado de honor a la conferencia. Pero dejemos ahora que sea la propia investigadora española, por quien lo conocí, la que lo dibuje.
Calvo Peña dio con la colección y quedó prendada con la picaresca de las guarachas. De ahí surgió su trabajo «Cantantes femeninas de Guaracha en Cuba y sus grabaciones en la colección de música popular cubana y latinoamericana Díaz Ayala».
«Descubrí que en la colección de Díaz Ayala tienen mucha música de los años 20, 30, 40 (siglo XX), en concreto de las guarachas, y entonces quise unir el asunto de ese género con el papel que han desempeñado las mujeres en la música cubana», afirmó Calvo en la entrevista que le hice para EFE.
La foto, de un servidor, habla por sí sola.
Generaciones distantes en el tiempo pero cercanas, muy cercanas, en el ánimo de la investigación. La historia es eso, granos de arena uno encima de otro, y una línea de conexión.
Yo pensaba que, a esa edad, un señor tan sabio y con tanta obra iba a resultar reticente, pero me equivoqué. Posó amablemente para la foto, sin saber que el fotógrafo había bebido de su fuente para un proyecto de investigación.
En paz descanse, maestro.

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Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

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