
En Barcelona (digamos que en España) de lo que más se habla es del calor. La mayoría de las casas no están preparadas para soportar esto, lo que me hace pensar que en Miami vivimos en una burbuja, con aire acondicionado central. Todo un lujo al alcance de la mano.
En los telediarios, la ola de calor le ha cedido espacio a la sentencia de inhabilitación por nueve años como funcionario al hermano de Pedro Sánchez, el Presidente. También hacen titulares las decenas de incendios forestales en todo el país (el de Almería se cobró varias vidas), la demolición de la Verja de Gibraltar tras 117 años de frontera, todo un gesto de buena voluntad, sin lugar a dudas; y el tema rey de la temporada: el mundial de fútbol, con España en la final.
En medio de todo, quise llevar a mis hijos por mis memorias físicas de Barcelona, esta magnífica ciudad adonde llegué en 2001 luego de escapar de Cuba, y donde conocí la libertad de movimiento y el acceso a la información. Eso sí, el precio fue alto porque estuve varios años indocumentado.
No es un reproche. Ya escribí lo que necesitaba y todo está en un libro cuyo enlace dejo aquí abajo: compartir piso con extrañas criaturas; entregas de cuerpo -incluso de alma- con prisa, algo que no recomiendo. Reciclaje de oficios, inviernos solitarios y la noticia del infarto de mi padre que recibí en una parada de autobús.
Los peores y, a la vez, mejores años fueron los que viví en un ático de la calle Provenza. Veía el mar desde lo alto. Veía las grúas, cúpulas famosas (no vea el lector la palabra cópula) e incluso el Tibidabo. Sí, 360 grados.
El portero, un andaluz que soportaba, o no, que le llamaran “inmigrante”, nunca supo que yo cuidaba ancianos y enfermos terminales.
Barcelona ha cambiado. Sigue siendo cosmopolita -incluso más-, pero las calles están muy sucias y la gente ya no lee un libro en el metro. Mira la pantalla de un teléfono.
Pero me hice la foto. Me la hizo mi hijo, que no estaba en proyectos cuando yo vivía en el ático de Provenza.
Regresar es sano, aunque un poeta recomienda no volver al lugar donde has sido feliz.
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