
El principal temor en estos días de regreso a Barcelona era no llegar a la Estación de Francia. Esta joya del modernismo catalán creada para la segunda Exposición Universal, la de 1929, es uno de mis lugares preferidos, y todavía da servicio a trenes de media y larga distancia.
No es la estación central, pero es la más bonita, con sus impresionantes espacios de hierro, mármol y bronce.
Tal vez era algo mío, pero cuando vivía en esta ciudad me parecía un oasis en un simple traslado entre el barrio bohemio del Born y la playa de La Barceloneta.
Una fuga, un viaje dentro de otro, aunque no tomara algún tren.
En estos días, mi mujer y mis hijos exploraban tiendas en el Barrio Gótico luego de una frustrada incursión por Las Ramblas, que en estos momentos están en obras, o sea, cerradas por el paseo central. Quedan las aceras laterales, pero no es lo mismo.
Un punto muy marcado en esta visita era el antiguo Mercado del Born, otra estructura modernista, de hierro, convertido hoy en centro cultural y de “la Memoria”. Allí encontraron, precisamente en el año en que me exilié en Barcelona, en 2001, unas ruinas del siglo XVIII de alrededor de 60 casas arrasadas tras la Guerra de Sucesión de 1714.
Las ruinas se descubrieron durante unas obras para la construcción de una biblioteca municipal y terminaron siendo un museo. Según datos oficiales, este museo se convirtió en el más visitado de Barcelona y el cuarto de España.
Yo iba callado y con gusto a ver cómo habían terminado esas obras que vi comenzar. También pensé rápidamente que no habría excusa para no visitar la Estación de Francia, que está a una calle.
Al día siguiente me enteré del robo de cables de cobre en el intercambiador de trenes de La Sagrera, que provocó retrasos del servicio de alta velocidad entre Barcelona y Girona. El incidente se produjo un día después de otro robo de cobre que cortó la circulación entre Lleida y Tarragona durante varios días.
La inestabilidad del sistema ferroviario catalán y del país en general parece algo cotidiano. Hace 15 años cuando vivía aquí no se oía hablar de robos de cables, al menos en estaciones principales. Pero no solo cambia el clima. Todo cambia.

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