Con planes todavía para desarrollar en una Miami a la que se llega cargados de sueños, porque otra cosa no teníamos al pisar la “capital del exilio cubano”,  mi amigo del barrio Carlos Bant  acaba de marcharse de este mundo, a destiempo, derribado por un feroz cáncer a los 59 años,  dejándome claro que muchos de los sueños son alcanzables, porque él los tocó con sus manos.

Llegamos con 13 años de diferencia; él primero, en 1999. Cuando Facebook nos juntó nuevamente, encontré a un empresario de la construcción que se había reiventado, porque Carlos llegó a Miami como balsero luego de haber recorrido medio mundo como capitán de la flota mercante cubana.

Cuando lo visité por primera vez, comprobé que muchas de las cosas de su casa las había hecho a medida. Vivía en una bella construcción biplanta con piscina infinita empastada con un lago.

Allí tenía su tocadiscos, un bar completo y la colección entera de nuestra música de los 80, porque nosotros somos y seguiremos siendo ochenteros, muy posiblemente en honor a aquellos años en los que mirábamos el horizonte con esa banda sonora detrás, “pirateada”, lógicamente, porque la música norteamericana, o sea, la del “enemigo”,  no la vendían en Cuba.

Así fueron nuestros quince años y también los veinte.

Tras una travesía de 17 horas, Carlos llegó a Florida el 15 de julio de 1999 junto con otras quince personas, incluida su familia, a bordo de una embarcación pequeña.

En una entrevista que le realicé para lo agencia de noticias EFE, publicada el mismo día en que fue derogada la política estadounidense de “pies secos/pies mojados”, el 13 de enero de 2017, el exbalsero aseguró que no regresaría a Cuba “mientras exista allí un hombre vestido de verdeolivo” y que los miembros de su familia piensan igual.

“Más del 80 % de los cubanos que llegan últimamente quieren tomar los beneficios de aquí, económicos y políticos, y al año y un día están pensando en regresar al mismo país que los expulsó”, subrayó.

“Eso no lo veo correcto. Hay que tener dignidad y ser coherente con una decisión tan drástica como lo es arriesgar la vida cruzando el Estrecho de la Florida, un mar plagado de tiburones y con inclemencias del tiempo muchas veces insospechadas”, agregó.

Carlos , que logró quedarse en EE.UU. con su familia al tercer cruce del Estrecho de la Florida, mostró entonces sentimientos encontrados al hablar de la decisión del presidente Barack Omama de acabar con la política que desde 1995 amparaba a los cubanos que llegasen al país, siempre que consiguieran pisar tierra.

Entonces nadie podía imaginar que el éxodo más grande estaba por llegar y que sería por tierra, en una travesía peligrosa desde Nicaragua –primero fue desde Ecuador- que significa hoy por hoy un escandaloso tráfico humano del que se benefician las dictaduras castrista y la de Daniel Ortega.

Carlos cumplió el denominado “sueño americano”. Trabajó muy duro por conseguirlo sin hacer daño a nadie. Todo lo contrario: ayudó a muchos recién llegados que luego desaparecieron.

Yo cuando lo vi rodeado de discos y videos musicales de los 80, los videos que nunca nos dejaron ver en Cuba, pensé que era una bonita manera de tocar el cielo una tarde de domingo. Sus hijos crecieron, estudiaron en Estados Unidos, tomaron su camino como hombre y mujer. Le dieron nietos. Luego vinieron los recuerdos del barrio y unas buenas risas a cada rato.

Como muchos cubanos que llegamos a Miami buscando la tierra prometida –en el sentido de pertenencia a un lugar que uno mismo construye o ayuda a construir- Carlos no regresó nunca a Cuba y hasta el último día de su vida defendió aquel cruce del Estrecho de la Florida como acto de valor, para luego quemar las naves que lo trajeron. La muerte de alguien tan luchador  y tan consecuente con sus actos todavía me parece mentira. Una muerte prematura, pero así es de injusta la vida.

Descansa en paz, querido amigo. Aquí estoy para contarte y decirle a todos que tenías toda la razón.

Jorge Ignacio Pérez

One response to “La fuerza del exilio cuando un amigo se va”

  1. Avatar de Ulises Govin Perez
    Ulises Govin Perez

    Real y fidedigna tu historia amigo,Charly fue un gran amigo ,caracterizado por un humor contagioso pero a la vez hombre firme de principios y gran amigo ,su generación de amigos de la Academia ,honramos sus memoria y bendecimos su partida ,desde los cielos nos ve nuestro hermano y algún día volveremos a vernos .

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soy Jorge

Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

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