«Las penas saben nadar», probablemente el texto más representado del dramaturgo cubano Abelardo Estorino (1925-2013), pasó anoche por Miami con una función memorable en la piel de la actriz granadina Maty Gómez, que lo da todo durante una hora y cuarto para sostener la altura que merece este complicado monólogo, que en su día se planteó explorar el mundo interior de una actriz con serias dudas existenciales.

Enrolada en el festival internacional de teatro Casandra, dedicado a la mujer, a Gómez le tocó actuar en la sala pequeña y poco convencional, con escasos recursos luminotécnicos, que tiene el Sandrell Rivers Theater en el barrio de Liberty City, en el extrarradio de Miami. Pero esto no fue un obstáculo para una actriz que lucha a puro texto, incluso en la corta distancia, donde si se quiere se ven todos los detalles.

Se trata de un monólogo, o texto para representarse bajo el término de «espectáculo unipersonal», que exige altísimos niveles de concentración y desdoblamiento, toda vez que parece una comedia y en realidad no lo es.

Los tintes cómicos puestos en función del teatro dentro del teatro -se trata de una actriz que sale a escena intempestivamente para ahogar sus penas sin ningún tipo de pudor-, acompañan al espectador en una tarea de acercamiento que rompe sin dudas la cuarta pared. Pero Estorino no quiso que esto fuera tan fácil,  porque va entretejiendo el drama sin que uno se dé cuenta hasta propiciar el giro definitivo hacia la desolación.

A finales de la década de los 80, Estorino estrenó en La Habana esta pieza, cuyo punto de partida es el muy famoso monólogo «La voz humana», del dramaturgo y escritor francés Jean Cocteau (1889-1963), pero que él, junto a su actriz favorita, Adria Santana (1948-2011), lo subvierte en una especie de repaso por títulos y nombres clave de la creación universal, para hablar de un mundo artístico no exento de impurezas y frustraciones.

«Las penas saben nadar» es un texto factible para que una actriz pueda demostrar sus alcances, al mismo tiempo que le sirva de entrenamiento. Pero, ojo, el texto es también un gran desafío.

LA INTERPRETACIÓN COMO OBJETIVO

La granadina Maty Gómez lo hace suyo aprovechando ese acento y gracejo popular andaluces,  y la verdad que lo borda, al desgranar, sin pausas, en un escenario prácticamente vacío, un texto larguísimo que entre risas invita a la reflexión.

Ella es toda fuerza, entrega, pasión por el teatro. Se trata de una obra que sirve en bandeja el homenaje al mundo de las tablas. Sin embargo, a la puesta, tal vez porque lleva la firma de dos directores de escena (el cubano Arístides Naranjo y el español José Fuentefría), se le ven las costuras.

A nuestro modo de ver, hay un fallo de ensamblaje entre la comedia y la tragedia pero esto incluso podría pasar desapercibido si uno se centra en la interpretación.

En una conversación con este cronista, la actriz española confesó que su llegada a los escenarios fue tardía, en plena madurez como mujer y cuando había desarrollado «otra» vida profesional, como funcionaria. Esto tiene mucho mérito, y es precisamente de eso que habla la obra y también algo que reconoce un festival como Casandra.

¿Hasta qué punto uno está acabado y cómo darse cuenta de lo que está por venir?

Es sencillamente tener ganas y nunca darse por vencido. Esto no lo dijo ella, sino lo añadimos nosotros, más aun luego de verla actuar con tanta maestría.

Si se mira su trayectoria, que incluye cine, teatro y televisión (ha trabajado en títulos como «La valla», «Caronte», «Sky Rojo» y la popular serie carcelaria «Vis a vis») Gómez es una mujer que va por la vida con humildad y pasos firmes.

«Las penas saben nadar» no es un monólogo fácil y el que piense que es puro divertimiento está lejos de la realidad. El desahogo cuesta, incluso delante de seres queridos, y frustraciones tenemos todos. Y ahí está la genialidad de Estorino, al poner este texto al servicio de la comunicación, tirando el gancho primero (ay, la comedia) para luego atrapar.

Sirva esta función de anoche, perdida entre las brumas de una ciudad eterna como lo es Miami (ojo, no en el sentido de Roma, sino en el de las millas de asfalto), para el homenaje al binomio Estorino-Santana, siempre en el recuerdo, y extenderlo a la psiquis de la naturaleza femenina, que es fuerza y empuje.

Con talento, ganas, más la raigambre andaluza que posee Maty Gómez (el texto pasa a visitar, cómo no, «La casa de Bernarda Alba»), se pueden lograr muchos buenos momentos escénicos y por suerte los directores vieron a la actriz adecuada.

Jorge Ignacio Pérez

(fotos del autor)

One response to “Estorino llega a Miami con acento andaluz”

  1. Avatar de Maty Gómez
    Maty Gómez

    Gracias por ser tan grande y escribir tan bonito!!!

    Me gusta

Replica a Maty Gómez Cancelar la respuesta

soy Jorge

Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

Let’s connect