Una fina y divertida estampa costumbrista del siglo XIX resultó ser el esperado estreno en Miami de “El último vuelo de Matías Pérez”, de El Ingenio Teatro, un texto de Raquel Carrió y la dirección escénica de Lliliam Vega.
El espectáculo, estrenado el 18 de marzo pasado en el Sandrell Rivers Theater, recrea la historia real y ahora matizada de este sastre y toldero portugués que desapareció en La Habana en 1856 a bordo de un globo, lo que a la postre, por su valentía, su ilusión y quizá por ser el primer “aviador” luso-cubano, dejó miles de elucubraciones en el imaginario popular, y un refrán que resume de manera codificada para nosotros (los cubanos) lo que es desaparecer.
Esa historia creo que nos la debían hace mucho tiempo las artes escénicas nacionales y fue la reconocida investigadora teatral y dramaturga Raquel Carrió quien se ha encargado, logrando un libreto en el que mezcla el humor criollo (con mención a la famosa “fiesta del Guatao”), la cultura lusa y una carga fuerte inherente al ser humano que intenta seguir sueños, por un lado, en contraposición con el pragmatismo tan necesario que encarna la mujer de Matías Pérez, con los pies puestos sobre la tierra todo el tiempo: ¿Si vivimos bien – le pregunta al toldero- para qué necesitas volar?
Carrió construyó unos diálogos magníficos, o mejor dicho, un libreto riquísimo para poner en boca de unos magníficos actores, como sucedió. Y es que la maravillosa puesta de Llilliam Vega, que se arriesga al incluir música en vivo y niños en el escenario, debe responder a un sistema de monólogos obligados a conectarse, y lo logra de manera espectacular.
El sustento de la obra, no por tiempo en escena, es la evocación de la madre de Matías Pérez hacia su hijo, desde Portugal, que es lo que intenta buscar un porqué.
Ese rol lo encarna la gran actriz Susana Pérez con un riguroso vestuario de negro y acento y giros lingüísticos portugueses. Un encanto de actuación, un poder sobre el escenario que solo lo da el oficio para, desde un papel en apariencia tangencial, conseguir un verdadero realce dramático.
Da gusto verla en directo con tanta clase y maestría y como un ejemplo de superación del trauma nacional que nos atañe a muchos a estas alturas de la vida. Diciendo: aquí estoy, rodeada de niños, música, arte plástico y de unos actores que vienen de otro “mundo”.
Y ahí está ese “only Miami” que consigue hacer valer a todos por su talento. El protagonista, Jorge Luis González, un excelente y dúctil actor que viene del mundo del humor, concretamente del grupo Salamanca, es el mejor Matías Pérez que hay ahora mismo en la “capital del exilio”.
Él es un entregado total al que también le pidieron un acento portugués (faltaría más), para darle más verosimilitud a la historia y tal vez porque la coproducción de la obra corre a cargo de un proyecto luso, Cabecas no Ar e Pés na Terra.
¿Quién lo iba a decir? Cuba y Portugal.
¿Y por qué no, si Matías Pérez era portugués?
De ahí que, metida también en el ambiente, Vega no pasa por alto el fado, el toque de melancolía de esa música ibérica y el guiño todo el tiempo al trasvase del Atlántico, de ida y vuelta, que ocurre hasta nuestros días.
El tándem ya establecido entre Jorge Luis González e Ivanesa Cabrera, otra gran actriz que viene, a diferencia de Susana Pérez, del mundo de las tablas, es de nuevo un regalo para la vista, para los oídos y para el regreso a casa, ese viaje donde se cuece un resumen, porque no nos queda otra después que “baja el telón”.
Ya ese tándem funcionó espectacularmente en “Celia”, también una puesta en escena de Vega, donde la actriz encarna a Celia Cruz. Ahora el protagonista es él y se nota el rodaje que tienen juntos. Ella canta, él toca la guitarra. Los dos son magníficos actores. No se puede pedir más.
El personaje de Ivanesa representa el centro de gravedad y curiosa o significativamente se llama Espe, Esperanza.
Es la mulata cubana, es la fuerza y el control de una casa bien amueblada del siglo XIX caribeño que no conocíamos muy bien, y que en la obra de Vega/Carrió se recrea con un exquisito ambiente escenográfico e incluye obras del artista plástico cubano Armando Tejuca.
La puesta deja más que el gusto de “reencontrarnos” con Matías Pérez. Deja también el placer de verla en Miami, a 45 minutos de La Habana y donde, si levantas una piedra, te sale un actor completo.
Gracias al Festival Casandra, que organiza El Ingenio Teatro, por abrir su séptima edición con magnífico teatro, que, muy importante, se nutre de un proyecto comunitario, de ahí la presencia en escena de la banda de música del Centro Mater Fundation, una ong que brinda diversos programas para apoyar a más de 1.200 niños al año en el sur de la Florida, según su web.
Jorge Ignacio Pérez
Fotos del autor: En la imagen, el actor Jorge Luis González como Matías Pérez





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