Orestes Pérez Estanquero, Malena Espinosa y Jorge Ferrera (izq-der) exploran las raíces y repercusiones de la diáspora cubana en el espectáculo «Club A Barcelona», en 2011 (foto de Jorge Ignacio Pérez)

Si hay un actor que lo da todo, que se entrega al oficio cuando representa uno o varios personajes, lo mismo en una sala de teatro convencional que en el suelo de una vivienda, ese es Jorge Ferrera, un profesional cubano con muchos años de experiencia que durante una función en Barcelona se acercó a mi mujer y habló a mis mellizos a través del vientre de la madre, una experiencia que nunca olvidaré por lo sobrecogedora.
Ferrera es ese magnífico intérprete, profesor de actuación y defensor del arte comunitario que, después de 27 años visitando la isla y reestrenando allí sus espectáculos, acaba de «romper con cualquier vínculo de tipo cultural con el país», después de que su obra «Cabalgando por el aire» fuera censurada.
«Vivo fuera de mi país hace 27 años y desde esa fecha no he dejado de mostrar mi obra en Cuba. Para mí siempre ha sido muy importante el reencuentro con amigos, familia y público en general. Compartir a través del teatro sin pedir nada a cambio», dice en una carta abierta publicada este lunes 13 de enero el director del importante grupo Teatro El Puente.
«Lo hago en todo el mundo, ¿cómo no hacerlo en mi país sabiendo que entre el público está mi madre, mi hermano, mis amig@s y sobre todo esa juventud con la misma sed de conocimiento que cuando yo era estudiante?», añade.
Ferrera, por primera vez en los años que lleva viajando a la isla desde su residencia en España, fue censurado según escribe en su misiva, y lo peor es que la programación y promoción de «Cabalgando por el aire» estaba ya hecha en la sala Nave Oficio de Isla, un espacio recuperado para la cultura en unos viejos almacenes de la Avenida del Puerto de La Habana.
«Después de estar anunciada para los días 4 y 5 de enero, después de haber realizado la promoción correspondiente, el director de la Nave recibe una ‘llamada’ del Consejo de las Artes Escénicas de Cuba para cancelar dichas representaciones alegando que no se hizo la consulta y la solicitud al Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba», detalla el actor, añadiendo que él no es «ningún desconocido para dicha Institución».
A lo largo de estos años, explica, ha presentado en la isla los espectáculos «Gulliver», «Estudio 44» (Premio de la Crítica 2013) «Peer Gynt», entre otros.
«Para los que hacemos teatro, suspender una función es siempre la última solución…», señala con enojo.
El actor no ofrece más detalles de si la cancelación de la puesta en escena tuvo algo que ver con el contenido de la obra, aunque en una publicación en Facebook él mismo resumió «Cabalgando por el aire» de esta manera:
«En 1989 me monté en un barco con 1.000 jóvenes más… rumbo a la antigua Unión Soviética. Salimos del Malecón y no vinimos a parar hasta Odesa».
¿Qué punto «sensible» tendrá esa historia para que la oficialidad cultural de la isla la vete? Dios sabrá.

Teatro a domicilio, un proyecto altruista

En noviembre de 2014, en una entrevista con quien escribe estas líneas publicada en martinoticias.com, Ferrera aseguró que el espectáculo unipersonal, el género escénico que mejor se le da, «necesita estudio, investigación, desarrollo de una técnica y sobre todo deseos de compartir una verdad, no absoluta, pero sí tu verdad».
En aquel momento, su espectáculo unipersonal «Estudio 44» estaba teniendo un gran éxito en la Sala Off del Teatro La Latina, en el mismo corazón de la bohemia madrileña.
«La creación de estos trabajos viene primero por una necesidad de expresión, por entender en escena zonas de mi vida como ser humano. A partir de ahí busco un texto que se acerque a lo que quiero expresar. Dialogo con mi obra, de una manera muy personal y este tipo de trabajo me lo permite ‘Mascarada de los Ángeles’, ‘Jorge’, ‘Gulliver’, ‘Teatro, cannabis y un vals’, y ahora ‘Estudio 44’. Son obras que han nacido de una necesidad, quizá de entenderme a mí mismo. De acercarme a zonas de luz y también de oscuridad, que habitan en mí y de esta forma aprender algo en este proceso», desgranaba el actor.
Ferrera es un profesional completo que también suele incorporar la danza y el canto en sus unipersonales, y en Barcelona, donde coicidimos varios años, se presentaba en escuelas, casas de cultura, espacios de barrio no convencionales e incluso, durante una época, asumió un proyecto que denominó Teatro en Casa.
Ante la crisis económica que vivía España en ese momento, y lo inalcanzable que se hacían las salas no solo convencionales, sino también las alternativas, «tenía dos caminos: quejarme, como siempre hacemos los que nos dedicamos al teatro -desde joven estoy escuchando hablar de la crisis del teatro-, o reinventarme», comentó en la citada entrevista.
«Presento la misma obra, sin hacer cambios sustanciales, sin hacer concesiones, aclarando siempre que no se trata de amenizar una fiesta, sino compartir un hecho artístico en el salón de tu casa. De esta forma, he conseguido mantener vivos los espectáculos, y poder recibir mis honorarios como artista también, sin el mediador de una sala. Es solo una alternativa», explicó.
También en Barcelona, pero en 2011, Ferrera participó de un experimento teatral que mostraba el proceso de la diáspora cubana a través de unos actores que coinciden por casualidad en esa ciudad mediterránea mientras buscaban sus personajes.
Para la culminación de su tesis doctoral titulada precisamente «Actores sin personajes», Orestes Pérez Estanquero, antiguo miembro del emblemático grupo Buendía, ideó un espacio escénico interactivo en el que participaban tanto el público como dos colegas y compatriotas suyos, Ferrera y la actriz y profesora Malena Espinosa.
Fue ahí cuando, en una sala poco convencional del barrio de Sants, y durante un ensayo, Ferrera se acercó a mi mujer gestante de unos siete meses que llevaba en su vientre a mis hijos mellizos Marc y Lucía, hoy unos adolescentes de 14 años.
La elegancia de su intepretación, aquella manera de conseguir la interactividad del espectador sin forzar nada, sino más bien en el momento en que la función había conseguido un punto álgido de integración, fue algo que me marcó para toda la vida y me sentí feliz por haber llevado a mis hijos por primera vez al teatro.
«¿De qué trata esto? ¿Censura? Es evidente, pero es de las absurdas porque ni siquiera han visto la obra. A partir de ahí ya pueden venir todas las interpretaciones que se nos ocurran porque nunca dan explicaciones, ni siquiera se toman la delicadeza de hablar directamente con el artista..», emplaza este magnífico actor en su carta a una oficialidad que, tal vez por razones de una política anquilosada y absurda, pierden a un artista más, a un cubano más.
Da mucha pena porque conozco perfectamente a mi tocayo Jorge Ferrera, y doy fe de su sensibilidad, respecto por el público y constancia en un oficio tan antiguo como la propia humanidad.
¡Viva el teatro!

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soy Jorge

Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

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