Fotografía donde aparece el cantautor español Joaquín Sabina mientras ofrecía una rueda de prensa en La Habana, en la Fundación Pablo Milanés, en 1994. (foto de Jorge Ignacio Pérez)

En junio de 1994, cuando el denominado «Periodo Especial» nos tenía en los huesos por la falta de comida y por pedalear La Habana en una bicicleta china con la novia montada en la «parrilla», el cantautor español Joaquín Sabina afirmaba en una rueda de prensa en el teatro Karl Marx, después de terminar su concierto a teatro lleno, que «el éxito y el dinero son una tontería».
Treinta años más tarde se despide de los escenarios con una gira por Estados Unidos que tocará puerto en Miami el 22 y el 25 de febrero próximos en el Kaseya Center, el coliseo más grande de la ciudad que es la casa del Miami Heat, de la NBA. Sabina tuvo que añadir la segunda fecha por petición del público.
«He decido hacer una gira de despedida…tanto que se llamará Hola y adiós, y ésta sí será de verdad la última», aseguró el andaluz en un video distribuido a los medios en el que, por su voz lenta y apagada, se le notan los años y, más que eso, confirma ser un sobreviviente de sí mismo.
No es de extrañar que muchos cubanos que no pudieron verlo en La Habana en 1994 quieran hacerlo ahora en Miami, nuestra tierra prometida por donde pasa «todo quisqui».
Sabina llegó a La Habana de la mano de Pablo Milanés, que en aquella fecha tenía una Fundación con su nombre y luego fue cerrada por el Ministerio de Cultura, entonces dirigido por Armando Hart.
En la reseña del espectáculo en el Karl Marx (antiguo teatro Blanquita), escribí en el periódico Granma que era posible que no llenara un auditorio para 5.000 personas porque a Sabina casi no lo pasaban por la radio, excepto en Radio Ciudad de La Habana.
«Pero al parecer los cassettes (…) fueron pasando de mano en mano, pues la noche del jueves, según los funcionarios del teatro, había alrededor de 5.100 personas…», señala la reseña.
Y continúa:
«Sabina y su banda -todos con apariencia similar: botas tejanas, jeans, espíritu bohemio- actuaron durante más de dos horas ante un público cómplice y caliente, como él mismo había vaticinado a su llegada a La Habana».
«Un dúo con Pablo Milanés; otro con su coterráneo Caco Senante (…), otro con Carlos Varela (Eclipse de mar), y repitió el dúo con Juan Echanove (lo hizo el martes en el Palacio de la Salsa, del Riviera), donde este último se emocionó bastante con Y nos dieron las diez«, detallaba.
Y así fue: Sabina, antes del concierto para el pueblo, dio otro con pequeño formato y en petit comité para la étlite habanera que, o bien podía pagarse -ya en dólares- la entrada al Palacio de la Salsa (se trata, por si alguien lo olvida, del famoso cabaret Copa Room del Riviera), o bien tenía algún tipo de enchufe.
El gran cantautor, al que Latinoamérica le abrió las puertas sin recelos, salió de La Habana en aquella fecha con una promesa:
«Una canción sobre Cuba puede salir, pues este es un sitio que provoca mucho a cualquiera que escribe», avanzó a la prensa después del concierto.
Esa rueda de prensa ocurrió detrás del escenario una vez terminada la función. El autor de Amor se llama el juego tenía fuerza suficiente para seguir. Nos recibió en la cabecera de una mesa larga, copa y cigarrillo en mano.
A mi turno, le hice una pregunta:
-¿Todas esas mujeres son ficticias o reales?
Y me respondió sin dudar, con la adrenalina a mil como debía tenerla:
-Ya me hubiera gustado tirármelas a todas.

La Habana del hambre y las ganas de vivir

Simpático y nocturno, como nos gustaba la vida en aquella época, el poeta llegaba a una Cuba donde no pisaban escenarios artistas del mundo capitalista, salvo raras excepciones como la «embajada cultural» estadounidense que nos visitó poco antes encabezada por Billy Joel, que igualmente actuó en el Karl Marx para un público con enchufe.
Al menos en aquella época, según se decía, los músicos famosos que llegaban lo hacían sin cobrar.
Para ese concierto, Sabina ofreció otra rueda de prensa, una previa, en la extinta Fundación Pablo Milanés, en una casona del Vedado, de esas que Castro robó a las familias que se marcharon del país.
Chaqueta a rayas, como se puede apreciar en la foto que acompaña esta crónica, y un aire moderno y desempaquetado anidaron al rapsoda todo el tiempo, un exiliado de Franco en Londres que pudo explayarse al llegar la democracia a España en 1975, y que ahora se arrimaba a un país gobernado por un régimen comunista, tan falto de libertades escenciales como aquellas que le provocaron el exilio.
Pero entonces todo era una «fiesta» y La Habana un lugar exótico que no pocos españoles -lo escribo porque me lo dijeron en mi cara cuando me exilié en España- querían «visitar antes de que caiga Castro».
Seis meses más tarde, en enero de 1995, el cantautor que mejor ha retratado los amores perdidos, el frío del amanecer y la soledad, volvió a La Habana y en esa ocasión fue recibido en la losa del aeropuerto por Victoria Velázquez, entonces primera secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Esto indica que a Milanés ya le habían robado no solo su Fundación, sino también sus contactos.
Del periódico me enviaron y terminé en la zona VIP junto a Pablo Milanés, que esperaba impaciente por que el vuelo de Iberia se había retrasado. Nada, un par de preguntas y adiós. Una de las preguntas fue sobre la canción que había prometido.
«La letra ya está hecha, la música aún no. Se va a llamar Postal de La Habana«, respondió el jienense ya casi subiendo al Audi que, me llamó la atención, conducía el propio Pablo Milanés.
Hoy la veo impostada, llena de lugares comunes esa letra, de tópicos «guilleneanos» que no debían faltar. Las música arranca con un cha cha chá que recuerda más a Santana que otra cosa, y sigue con un son bastante apurado. Nada que ver con lo que esperábamos.
Pero el mismo bardo sufrió decepción, y terminó diciendo, en 2022 en una entrevista con el diario El Mundo: «Ya no puedo ser amigo de la revolución cubana, ahora estoy con los que se manifiestan y exilian».
A pesar de ese Sabina incoherente yo me quedo con sus primeros discos, con El hombre del traje gris y Física y Química, y no pienso ir a verlo al Kaseya Center.
Adiós, chaval. Ya te saludé en La Habana en 1994. Cuéntame algún día si de verdad «el éxito y el dinero son una tontería». No te lo creo.

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soy Jorge

Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

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