Un rescatista turco carga el cuerpo de un niño sirio fallecido durante una travesía por el Mediterráneo junto a su familia. (Nilufer Demir/AFP/Getty Images)

Mientras Bashar al-Assad y su familia, según agencias rusas, se ha refugiado en Moscú después de que los rebeldes tomaran Damasco para hacerse con el control del país, me viene a la mente la imagen de un socorrista cargando a un niño sirio que apareció ahogado, cuando miles de personas de ese país, a través de Turquía, intentaban llegar a Europa vía Grecia.
Fue la imagen más dura de la crisis de refugiados sirios, en septiembre de 2015. Se hizo viral y el mundo entero la vio. En aquel momento, más de cuatro millones de sirios habían abandonado su país.
Muchos periódicos tradicionales no han tenido el conflicto ético de publicarla, aunque la foto pudiera perseguirnos durante mucho tiempo, o durante el resto de la vida. El dramatismo que trasmite esta imagen, la soledad de la escena que se nos instala, el dolor inmediato…es tema de conversación en las cuatro esquinas del mundo, escribí entonces en el diario de asuntos cubanos martinoticias.com.
«Y uno se pregunta si es necesario este dolor», añadía.
«Claro que sí, es importante sentirlo para tomar conciencia definitivamente del drama que está viviendo Europa a través de cuatro millones de refugiados de guerra que se han marchado de su país, a cuenta y riesgo».
«La crisis humanitaria de emigración más grande desde la II Guerra Mundial está sucediendo ahora», acotaba aquella nota sin saber que faltaban casi diez años para que el dictaror Al-Assad fuera expulsado del poder.
Pocos días más tarde de la mencionada reseña, la dictadura cubana celebraba sus «bodas de oro» con el régimen de Al-Assad.
En una hipócrita maniobra, el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, se lamentaba de la grave situación de los refugiados sirios, mientras el Gobierno de la isla celebraba 50 años de amistad con la dictadura de los Al-Assad.
Desde Barcelona (España) viví con profunda emoción la denominada «Primavera Arabe», que comenzó con la revolución tunecina, en diciembre de 2010, y fue organizada por internet a partir de que el vendedor ambulante Mohamed Bouazizi fuera reprimido por la policía y se inmolara en forma de protesta.

Un dúo de dictadores conversando tranquilamente, Castro y Al-Assad. La foto de Estudios Revolución está fechada en mayo de 2001, pocos meses antes de que yo abandora el país definitivamente.

El efecto dominó no tardó en Egipto, Túnez, Libia, Siria, aunque a este último país le haya costado, como decíamos, diez años más de Gobierno autocrático y sanguinario.
La «Primavera Arabe» fue producto de levantamientos populares como el sucedido en Cuba en julio de 2021 (11J) y que, en la isla caribeña, terminó con más de un millar y medio de detenidos, según organizaciones no gubernamentales.
En Siria está detrás el grupo yihadista HTS (Hayat Tahrir al Shams,en español Organización para la Liberación del Levante), que dirige Abu Mohammed al-Jawlani y no sabemos si va a convocar elecciones.
Según la BBC, Al-Jawlani ha intentado durante años cambiar la percepción de su organización de una que se teme por su fanatismo ideológico a una que pueda ser aceptada por los sirios como una alternativa pragmática al régimen de Al-Assad.
Y apunta que HTS se creó con un nombre diferente, Jabhat al-Nusra, en 2011, como una filial directa de Al Qaeda.
Ojalá los rebeldes no se instalen para siempre. Después de tanto sufrimiento, Siria se merece unas elecciones libres y ser dueño el país de su destino.
Los cubanos que nos exiliamos hemos visto el 11J como una luz que algún día conducirá a nuestra «primavera», más allá de la tristemente conocida como «Primavera Negra» de 2003, en la que varios comunicadores y activistas fueron detenidos, condenados, encarcelados y luego, en su mayoría, obligados a un destierro en España.
Mientra el presidente estadounidense, Joe Biden, dijo hoy que «la caída de Al-Assad es un acto de justicia», es presumible que el dictador en lo adelante se convierta en un huésped de otro autócrata, Vladimir Putin.
El niño sirio de la sobrecogedora foto se llamaba Aylan Kurdi y tenía tres años. El agente turco que lo carga en brazos debió afrontar el trauma, por muy profesional que sea.
«Aunque duela, no existe otra posibilidad mejor para entender este drama que mostrar la foto. En eso coincidimos con los editores de periódicos. La ética comienza por salvar vidas. Y termina con el respeto a las personas»,añadía el artículo de martinoticias.com en septiembre de 2015.

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soy Jorge

Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

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