
España vive una de sus peores crisis políticas mientras el mundo está como está.
Al presidente, Pedro Sánchez, no dejan de salirle casos de corrupción a su alrededor.
En estos momentos tiene un exministro a punto de ser imputado por una trama que repartió millones de euros, por adjudicaciones de contratos públicos para adquirir mascarillas durante la pandemia de Covid-19.
Un antiguo asesor de ese exministro está detenido, pero no por las mascarillas sino por una supuesta trama que defraudó a las arcas públicas casi doscientos millones del sector de los hidrocarburos.
Por este caso, su partido, el Socialista Obrero Español (PSOE), tiene ahora una querella interpuesta de manos del Partido Popular (PP), el principal de la oposición.
El presidente tiene además a su mujer imputada por un caso de tráfico de influencias y, entre otras telerañas, en un informe oficial ha sido vinculado con la visita en enero de 2020 a suelo español de la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, quien tiene prohibido pisar el espacio Schengen europeo.
En el informe, a cargo de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, y divulgado recientemente por los medios, se le cita como «El Uno» a partir de conversaciones interceptadas.
El documento desvela que Sánchez supo de la visita de Delcy Rodríguez cuatro días antes, porque le avisó precisamente su exministro de Transportes, José Luis Ábalos, el que decíamos arriba que está a punto de ser imputado.
«Y para acabar de molestarte», le comenta Ábalos a Sánchez, «la vicepresidenta de VENEZUELA viene en privado el lunes y quiere verme discretamente como continuación del encuentro que tuve como el ministro de comunicación (que es su hermano)».
«La gestión que acordamos en favor de las empresas españolas ha permitido que Duro Felguera haya cobrado una importante deuda», se lee en el informe.
A continuación, Sánchez responde: «Bien».
Todo ocurrió en pandemia. Igual que el caso de los hidrocarburos del que se habla -según dijo un informante anónimo al digital The Objective- de un trasiego de bolsas con decenas de miles de euros hacia la sede del PSOE.
Para añadir a la lista, y esto es noticia de ayer, Raúl Morodo, embajador de España en Venezuela desde 2004 a 2007 (mientras gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero, exlíder del PSOE y muy cercano al chavismo) aceptó una condena de 10 meses de prisión mediante un pacto con la Fiscalía.
Estaba acusado de un delito de evasión fiscal de ganacias millonarias que otuvo de su hijo, y provenientes de negocios con la petrolera venezolana PDVSA.
Sánchez, salpicado por todas partes (en definitiva se trata de su partido), no ha dicho ni esta boca es mía.
Mientras todo esto sucede, el país vive dos grandes crisis: una por la avalancha de migrantes a Canarias, y otra por falta de vivienda para «emancipación de los jóvenes», lo que le ha obligado a repartir un bono populista.
¡Ay, cuánto me recuerda esto a las laticas de carne rusa que nos daban en Cuba cuando nuestra perenne crisis iba a más!
Pero el peor quebradero de cabeza de este señorito sin bandera y salido de las universidades es que en realidad, aunque lo finja, ahora mismo no gobierna.
No cuenta con el Presupuesto General del Estado para hacerlo y esto tiene fecha límite.
No lo ha logrado ni con extraños pactos con el independentismo vasco, catalán y canario.
Tal vez sea por eso que la oposición no se plantee sacarlo ya con ese recurso parlamentario que en España se conoce como «moción de censura».
El mismo que encabezó Sánchez en 2018 para sacar del poder a Mriano Rajoy, acusándolo precisamente de corrupción.
Todas estas jugadas del entorno de Sánchez, qué curioso, se hicieron en pandemia, que es lo mismo que hacerlo con nocturnidad.
Recientemente alguien conocido me señaló en redes sociales que no me creyera nada, que se trata de «humo», fabricado por la derecha y la ultraderecha.
Y yo pregunto: ¿Qué me dices de esta humareda entre la que se encuentra el presidente?

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