«Trabantimino», así se titula una curiosa obra de arte a medio camino entre el comunismo y el capitalismo que se puede encontrar este verano, y hasta febrero de 2025, en una de las salas del Perez Art Museum (PAMM) de Miami, como parte de una exposición colectiva.
Tal y como se puede observar, se trata de un Trabant, un ejemplar de aquellos automóviles minúsculos fabricados para el «pueblo» en la mal llamada República Democrática Alemana (RDA), pero que la artista estadounidense Liz Cohen (Pohenix, Arizona, 1973) «tuneó» con piezas de la compañía General Motor.
A Cohen le tomó una década terminar su obra y no es para menos. Además de infinidad de piezas niqueladas que se pueden observar en la exposición, la artista creó un complejo sistema hidráulico para levantar el coche y ponerlo a su altura.
Su obra lleva piezas americanas para concluir una «escultura híbida», según la descripción del museo. El acabado evoca el famoso Chevrolet El Camino, ya descontinuado.
El Trabant ahora híbrido de Cohen fue construido originalmente en Alemania Oriental por Volkseigener Betrieb (VEB, abreviatura, en alemán, de «Empresa de Propiedad Popular») que funcionó entre los años 1957 y 1991.
A los cubanos, como este que escribe, que puedan visitar la exposición transitoria «Xican-a.o.x. Body» (hasta el 16 de febrero), donde se encuentra el «Trabantimino», le parecerá interesante este trabajo, por su carga simbólica y por lo bien acabado que está.
Caido el Muro de Berlín en 1989 ya para los alemanes del Este todo llegaba a su fin: la ocupación comunista, quiero decir, y en lo adelante les quedaba pasar página hasta quedarse con la denominada Ostalgia, el término que utilizan para describir la nostalgia por el Este.

Pero, lejos de esa realidad, lo cubanos tuvimos que escapar de la isla para ser beneficiados con el paso del tiempo. No obstante, al ver la obra de Cohen tuve un flash back porque en el garage del edificio de mi padre había un Trabant. Era de un «técnico extranjero», un alemán de la Europa comunista que vivía en La Habana.
«Aunque la modificación de automóviles se ha percibido por mucho tiempo como una afición masculina, Liz Cohen quedó fascinada con esta práctica en Phoenix, donde creció viendo y luego practicando la cultura lowrider», describe la muestra del PAMM.
Los automóviles «lowriders», tuneados o modificados, comenzaron a aparecer entre los jóvenes mexicanos-estadounidenses en la década de 1940. Sin embargo, el Código de Vehículos de California declaró ilegal el «lowriding» entre 1958 y el todavía cercano 2023.
«Cohen posó con el auto durante y después de su embarazo vestida como una lowrider, ofreciéndonos una visión alternativa de la sexualidad femenina», añade la curaduría de la expo en Miami.
Su «Trabantimino», explica, también se inspira en la ascendencia colombiana de la artisa «y la relación de su familia con el comunismo en Colombia».
Una huella fuerte, como se puede apreciar.
El Trabant, con un motor de dos tiempos y dos cilindros, en realidad es más una moto que un auto, aunque tiene carrocería.
Cohen lo ha puesto a su manera y digamos que lo «americanizó», lo distanció del ámbito comunista y ahora lo exhibe en Miami, tierra de exiliados del comunismo.

(fotos del autor)

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soy Jorge

Bienvenido a queridobob.com, un lugar de recordación a mi padre que soñaba con los Cayos de Florida. Soy Jorge Ignacio Pérez, un periodista que escribe desde Miami, la ciudad eterna, pero no en el sentido de Roma. Aquí dejo mis crónicas, reportajes, entrevistas y reflexiones. Adelante.

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