Con “El cangrejito volador”, un texto original de Onelio Jorge Cardoso (Calabazar de Sagua, Las Villas, 1914 – La Habana, 1986), mejor conocido como “el cuentero mayor”, el Festival Internacional Casandra de Teatro reunió a las familias en el moderno complejo cultural Sandrell Rivers Theater, en el noroeste de la ciudad, este sábado y en “confrontación” con el Festival Ultra de música electrónica, una cita que habitualmente colapsa el centro de la ciudad.
El Ingenio Teatro, una “organización interdisciplinaria sin fines de lucro”, con base en Miami, “ dedicada a la producción, difusión y promoción de la cultura latina, el arte y el teatro”, según indica su web, atrajo al público infantil con esta puesta en escena que lleva la firma de la prestigiosa y querida directora teatral cubana Flora Lauten, presente en el teatro.
Lauten codirigió la puesta junto a su su hija Lilliam Vega, directora del festival. Ambas apostaron a la fuerza de un texto publicado originalmente en el volumen de cuentos “Iba caminando”, de Cardoso, publicado por primera vez en una preciosa edición de 1966.
“El cangrejo volador”, su título original, narra la historia de un cangrejito que, a instancias de una paloma, cree posible trasladar su casa a la copa de un árbol, o sea, cambiar la perspectiva de su vida al intentar mirar el mundo desde arriba.
La puesta no se vale de recursos multimedia para buscar lo espectacular, sino cree en la historia misma, en el teatro tradicional, en la utilería, en unas marionetas y en la presencia de niños en escena, junto a unos actores que cantan y bailan.
Es luchar contra los molinos de hoy en día cuando la gente incluso no apaga los teléfonos en el teatro (con el pretexto de hacer fotos). La propuesta no solo apeló a lo tradicional sino también a un fenómeno sociológico, el bilingüismo de Miami que tan comúnmente se conoce como “espanglish”.
Daba gusto ver a esa gran directora teatral que es Flora Lauten entre un público “espanglish”, a la misma que puso en escena míticos títulos del teatro cubano de los 90 con el Grupo Buendía.
Es como el regreso a la semilla, y nunca mejor dicho tratándose de una obra para niños.
Casandra alzó su telón con “El último vuelo de Matías Pérez”, un texto de la dramaturga cubana Raquel Carrió inspirada en la historia real de un sastre portugués amante de la aeronáutica quien desapareció en 1856 a bordo de un globo aerostático.
La puesta de Lilliam Vega reunió a un elenco de prestigiosos actores, entre ellos la querida Susana Pérez, Jorge Luis González en el rol protagónico e Ivanesa Cabrera.
DEL NOROESTE AL SUROESTE PASANDO POR LA PEQUEÑA HABANA
En estos días, Casandra, cuyo cierre este domingo aunciaba un espectáculo a cargo del grupo vocal/ humorístico español Demode Cuartet, en Cubaocho Museum & Performing Arts Center, de La Pequeña Habana, enlazó los escenario habituales de proyectos teatrales que tienen a Cuba como denominador común.
Casandra incluyó en su séptima edición el espectáculo “Leyendas negras”, recién estrenado en Miami por el grupo de teatro Artefactus a partir de textos de la etnóloga cubana Lydia Cabrera, y cuyas funciones hay que verlas en un antiguo almacén convertido en escenario en el suroeste de la ciudad, en una zona retirada llena de condominios y lagos que es ideal para la vida familiar, el suburbio de Kendall.
El festival acogió igualmente a la compañía Miami Factory Theater con “Las últimas criadas”, de Erom Jimmy, una agrupación que hasta donde se tienen noticias carece de sede.
También presentó “Féminas”, de Havanafama Theatrical Company, que dirige Juan Roca y organiza un festival de monólogos. Su sede está, digamos, en el medio del mapa de Casandra, en La Pequeña Habana.
El Ingenio Teatro se las ingenió para recolectar espectáculos de la cartelera escénica de la ciudad y hacer un todo, un circuito que de no ser por un programa único sería intransitable en unos pocos días.
Un circuito que por efímero no deja de poner en perspectiva las cosas que se pueden lograr con lo que ya está hecho, un viaje del noroeste al suroeste a través del teatro, en una ciudad tan desconectada y eterna, desgraciadamente no en el sentido de Roma, sino por las distancias, por las muchas millas de asfalto que separan un punto de otro.
En un fin de semana que coincidió con el Festival Ulltra de música electrónica, que atrae cada año a cientos de miles de fanáticos al punto de colapsar el área de la bahía de Miami y tambi{en Miami Beach, había que pensarlo para salir de casa si no vas al Ultra.
Casandra, cuya sede central este año –El Ingenio Teatro no tiene sede propia, lamentó su directora en conversación con este cronista- se movió al NW, a un barrio marginal afroamericano llamado Liberty City, conectó desde allí diferentes puntos de la ciudad.
Si uno mira el mapa fríamente ni se lo piensa. De hecho, el sábado, a la salida de “El cangrejito volador”, la rampa de acceso a la I95, una autopista en la ruta del Ultra, estaba tomada por varias patrullas de la policía.
Pero nada, la voluntad de hacer teatro, aun dentro de un paraíso tropical como es Miami que no acaba de facilitar una programación firme del teatro dramático bien hecho, más allá de lo comercial, como es el caso del mapa de Casandra, hizo posible un milagro.
Jorge Ignacio Pérez
Foto del autor: Una escena de “El cangrejito volador”


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